Archive for the Prosas Profanas Category

Este viernes podemos brindar juntos

Posted in Prosas Profanas on 04/11/2010 by unaventanaediciones

En palabras de Levín:

Este viernes 5 de noviembre se presenta el Quinteto, en nuestra casa Pacha (Por favor interesados contactarse con unaventanaediciones@gmail.com)
El monstruo de diez brazos abre las puertas de su organismo y pretende compartir con gusto sus mecanismos internos.
No sabemos bien qué va a pasar, ni cómo.
Pero hay algunas certezas oscilantes: textos en vivo, música, cocina de pos y entreguerra, tragos, libros y discos en venta, invitados y sorpresas (?).
Todos invitados a participar, desde adentro o desde donde cada uno lo prefiera.
Arrancamos a las 21 hs.
Vamos a ver qué (nos) pasa.
 
Nos esperamos.

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Reseña para el Quinteto de Bazar Americano

Posted in Prosas Profanas on 12/10/2010 by unaventanaediciones

Paula Tomassoni

Una nueva versión del colectivo

Sobre: La fiesta de la narrativa, de Facundo Gorostiza, Federico Levín , Ignacio Molina, Lucas “Funes” Olivera y Ricardo Romero, Buenos Aires, Una ventana ediciones, 2010.

El paso dado de escribir a ser escritor no es un movimiento ingenuo. La puesta en circulación de una obra y de un nombre de autor implica la construcción de una imagen que se definirá por distintas tensiones, idas y vueltas dentro del campo cultural en el que se inscribe. La conciencia del poder que cada persona que escribe tiene en relación a esa construcción de la imagen de escritor varía: se oculta o se expresa más o menos sinceramente. En el caso de El quinteto de la muerte (autor colectivo del libro que nos ocupa) aparece explícito casi a modo de manifiesto.

La fiesta de la narrativa es un volumen compuesto de relatos y piezas musicales. Sus autores, cinco amigos: Facundo Gorostiza, Federico Levín, Ignacio Molina, Lucas “Funes” Oliveira y Ricardo Romero, quienes se autodenominan El quinteto de la muerte (excepto cuando Federico Levín escribe una carta a Fausto, el hijo de Ignacio Molina: entonces nombra al grupo como El quinteto de la vida).

Antes de los relatos y las partituras y a título de “Lo que somos” y “Lo que pasó” una voz colectiva explica la experiencia. Este quinteto de artistas tañe su música y lee sus obras en encuentros con público, a los que describen no como teatrales sino como festivos, aunque los recursos que usan se parecen bastante a una puesta en escena trasponiendo la dimensión única que atrapa a la literatura: provocan olores cocinando alimentos sobre una sartén caliente o muestran a un autor leyendo su obra empapado, porque sus personajes están bajo un diluvio.

El Quinteto está compuesto por cuatro escritores y un músico (Facundo Gorostiza), quien participa de la publicación con las partituras de sus composiciones. Esta decisión ha convertido mi lectura también en una experiencia necesariamente colectiva: yo no leo música, por lo que tuve que pedirle a un amigo con esas habilidades que lo hiciera para mí. Sólo así pude recorrer el libro entero, que se abre de este modo en sus posibilidades interpretativas, trascendiendo los límites materiales de la publicación.

Como agentes de una comunidad nunca construimos sentido desde el vacío ni el interior absoluto. En nuestros mecanismos de lectura e interpretación intervienen aspectos culturales que nos identifican y nos ubican en coordenadas más amplias que nuestra propia individualidad. Experiencias como la de este libro trabajan haciendo explícita y dándole forma concreta a la comunidad que implica la expresión artística. La imagen es una fiesta como lugar de encuentro de artistas y receptores, en la que la invitada de honor es ni más ni menos que la narrativa.

Aunque digan tener distintas estéticas, los relatos se parecen bastante, sobre todo a partir del narrador autobiográfico que analiza el mundo circundante atravesando con su singular mirada diferentes aspectos: un viaje cargado de personajes extraños, la familia, el nacimiento del primer hijo. Quizás el que se distancia es “El cartógrafo”, de Ricardo Romero, ubicado último en el orden de la antología. En este cuento se construye un espacio (La Ruta) literario, y una atmósfera en tensión con mujeres que son el sonido del viento.

Los relatos son antecedidos siempre por una partitura de Gorostiza: “Adiós, adiós”, “Mickey Munra y el círculo de arroz”, “Señora que baila” y “Marioneta Blanchard”. La primera historia se titula “Valle hermoso” y su autor es Oliveira. Un joven escritor narra la experiencia de un viaje por Córdoba junto a su novia Lunita. Se superponen en su construcción ciertos tópicos recurrentes: minuciosas descripciones localistas (“no pude pensar en otra cosa que en chinchulines con limón y vinagre”, “Cada tanto se filtra Luis Miguel o David Bisbal”); personajes o situaciones sorprendentes (“Supusimos que sería perrita porque no tenía miembro. Una suposición un tanto prejuiciosa, diría Cristina de la K.Y un poco equivocada, pensamos un rato después, cuando vimos que Cristina de la K -así la bautizamos- se montó a la perra medio bizca”); referencias y reflexiones respecto a temas del contexto del autor (“Y con el conflicto agrario y los cortes de ruta…”, “Me acordé de Colombia Vive, el documental sobre los últimos treinta años de vida política colombiana”, “¿Sabías que Lula tuvo que transar con el FMI antes de ser presidente?”); diálogos amorosos (“-Vos necesitás otra cosa papito. -¿Te parece? –Fijate. Para lo que necesites, guapo”). Una historia de pueblo oída como al pasar ocupa el pensamiento de este personaje-escritor que quiere, por un lado dar cuenta de ella en su literatura, y por otro averiguar más datos sobre eso que le contaron con un afán aparentemente justiciero. Los personajes se meten en sus sueños, los planos se confunden, y en una pesadilla en la que Lunita es de arena y se deshace, él se tira por la ventana para aparecer un cuadro más tarde inmóvil y con la cara sobre el cemento, pero ya no en el sueño.

Las historias siguientes son de Levín y su título es “Lo desconocido es la parte de alguna mosca”. Son relatos breves con giros que los alejan del registro referencial introduciendo circunstancias inexplicables en escenarios cotidianos, como que en un bar el personaje se saque sus brazos y los cuelgue aquí o allá, o que a su hermana se le caiga la nariz mientras come un sándwich de miga. También en este caso puede reconocerse con facilidad el autor en el narrador. Entre el resto de los personajes suele aparecer la familia: el abuelo, los padres, su hermana, la mamá de un amigo. Un sesgo distintivo de estos textos es la apuesta a usar las palabras de un modo mayormente reconocible en otros géneros, con rima o ritmo poco comunes en la prosa:
“Un místico diría: `Estaré tomando vino, pero será blanco´.
Lo miramos: las moscas de la pared duermen sus sueños diminutos.
Los nenes –concluye.
Los nenes toman vino blanco”

“Fausto” de Ignacio Molina, narra escenas del nacimiento de su hijo, desde que llevó a parir a su mujer embarazada hasta que el pequeño Fausto tenía dos o tres años. Él llama “crónica” a esta suerte de diario de padre primerizo que intercala entre sus testimonios la carta (ya mencionada) de Levín. Expresa reflexiones sobre hacerse adulto y ser padre, y a través de ellas juicios y opiniones de la sociedad y sus costumbres: “Todos los días, a la hora en que en las casas suena la música de Telenoche, yo camino con mi hijo por la calle. Él a veces va a upa, otras a caballito y otras a pie.” Hay, al igual que en los relatos anteriores, un recorrido entre descripciones localistas que definen un ambiente a partir de referencias a la cotidianeidad del autor (marcas comerciales, objetos, hábitos) y personajes pintorescos. La autorreferencialidad a su tarea de escritor aparece en este caso en relación a la recepción de su obra: hay un personaje que ha leído su libro, y lo comenta: “Interesantísimo. Te felicito… Retrata muy bien la juventud de hoy…”

Como anticipé, “El cartógrafo”, de Ricardo Romero, el último de los relatos, resulta el más literario en términos de construcción. Si bien el narrador es también una primera persona autorreferencial, en este caso la mediación de la literatura hace de él un personaje. El cuento es más equilibrado, la atmósfera propuesta está mejor lograda, se construye una distancia que, a mi juicio, juega a favor de la literatura. En otras palabras, el autor se corre a sí mismo del primer plano para poner en él un personaje que lo representa. No deja de haber, sin embargo, una galería de personajes previsibles que aparecen también acá como “pintorescos”: la prostituta linda que odia a los hombres pero ama al único que no le presta atención; “Rómulo”, el dueño de un taller mecánico llamado “Roma”, que vive con un perro llamado… “Remo”.

Los escritores de este libro se sienten (aunque dudan) escritores jóvenes. Creo que lo son. En los cuentos abundan marcas de juventud: el lenguaje vulgar que quema y es liberado impulsivamente, el acento sobre “lo literario”, giros fantásticos en historias realistas plagadas de referencias.

Menos en el último caso que en los anteriores, estos autores proponen una lectura del mundo a partir del sí mismo literario que construyen, que hace sistema con el sí mismo definido en la presentación. Casi una bandera izada sobre los despojos de una sociedad que dicen alienada, irreflexiva, competitiva y ventajera, sobre la que ellos y su propuesta se levantarían como lo distinto, como lo mejor.

Dentro de “Lo que somos” se definen desde la diferencia de lo que yo llamaría “lo que hay”: no los une “una estética literaria, ni temáticas ni estilos similares”, se paran “no desde la altura y la distancia”, combaten “cualquier modo de solemnidad”, trabajan por “la caída de la pose y el cinismo”. El cimiento de esta experiencia es una sólida amistad que, al igual que la experiencia artística misma, es presentada como una apuesta de máxima:
“En una sociedad fragmentada, desarticulada, donde las relaciones personales suelen estar mediadas por el poder o la funcionalidad económica, la ilusión de la comunicación total y global margina y aísla más que lo que reúne. La amistad es una decisión arriesgada, incluso un poco anacrónica. Y en un campo cultural en el que priman la casta y las jerarquías, el lobby y el tráfico de influencias, donde no se necesita al otro más que para reafirmar el ego personal, y donde el discurso público es sólo una forma de posicionar el nombre propio, la amistad es una aventura política.”

Como definición, el autoelogio de una propuesta que, según sus propias expresiones, no puede definirse pero se eleva por sobre ese otro mundo que es sordo y es mudo, pensado desde el estereotipo y el prejuicio al que necesariamente lleva la generalización. Tomando como ejemplo la cita hecha del texto de Molina, mientras él camina con su hijo por las noches, en las casas (¿todas?) suena Telenoche. Él y su hijo se descubren por oposición a un mundo homogéneo. Paralelamente, El quinteto de la muerte da como certera la existencia de un campo cultural al que desdeñan pero en el que necesaria y ambiguamente este libro y esta reseña se inscriben.

Es probable que, del mismo modo que un guión de cine o una obra de teatro no dan cuenta sino vagamente de la película o del espectáculo, este volumen refleje sólo tangencialmente su verdadera propuesta: las fiestas de la narrativa, esos encuentros en los que las estrellas son las historias, y no sus autores. Sería interesante poder leer estos textos en ese contexto festivo para el que fueron pensados. En lo que respecta a esta publicación, es una convocatoria esquiva. La división propuesta entre lo bueno y lo malo me resulta algo fundamentalista y me deja seguramente mal parada. Tal vez por eso, aunque el título del libro me invita a una fiesta, en la tapa hay una botella de vino con cinco copas (¿dónde está la mía?). Entonces, no puedo apropiarme del todo de esta experiencia. Me queda: la certeza de que alguien lo está intentando, de que yo lo intento en consecuencia, de que, en definitiva, algo está pasando.

http://www.bazaramericano.com/resenas/articulos/tomassoni_quinteto.htm
(Actualización octubre-noviembre 2010/ BazarAmericano)

Otra para el quinteto

Posted in Prosas Profanas on 17/08/2010 by unaventanaediciones

15/08/2010  por Diego Colomba para  La Capital de Rosario http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2010/8/edicion_94/contenidos/noticia_5045.html

El brindis de la foto de contratapa, con caras sonrientes alrededor de una misma mesa, basta para dar una imagen poco frecuente de quienes suelen integrar hoy una antología literaria. El Quinteto de la Muerte, nombre del colectivo, también sugiere esa camaradería desacartonada en un medio que, a pesar de todo el agua que corrió bajo el puente, suele ponerse bastante solemne.

   Cuatro narradores (Federico Levín, Ignacio Molina, Lucas Oliveira y Ricardo Romero) y un músico (Facundo Gorostiza) se definen como un grupo de amigos que, radicados en Buenos Aires, se reúnen para realizar lecturas en vivo de sus textos en bares o salas culturales, acompañados por la música de Gorostiza y de otros recursos que aporta la perfomance, según la ocasión: objetos del ambiente, interpretación, olores, participación de los concurrentes. De acuerdo con los autores, “los agregados escénicos son posibilidades de acercar el texto al público, en parte, pero también de entender mejor y ampliar el horizonte expresivo de las ficciones que cada uno está escribiendo”.

   En ese sentido, la apelación a lo festivo radica menos en el espesor emotivo o la dimensión temática de las historias narradas que en “la puesta en público de un trabajo solitario, una forma intensa y vital de acompañar el desarrollo” de los textos. La fiesta de la narrativa incluye una presentación del grupo (“Lo que somos”), las fechas de las lecturas realizadas desde el año 2006, datos de los autores, algunas partituras de Gorostiza y las ficciones seleccionadas por cada uno de los autores. Como en una verdadera fiesta, las narraciones, heterogéneas en estilos y enfoques, ganan en intensidad a medida que progresa el libro.

Los invitados

   ”Valle hermoso”, de Lucas Oliveira (1978), es quizá el texto más funcional a la dimensión espectacular de los encuentros. Su protagonista, un escritor antiperonista, narra unas vacaciones con su novia Lunita en las sierras cordobesas. En una parrilla, escuchan una historia para turistas (“la traición a Elsa”) que promete abrigar un secreto fascinante al que el relato intenta aproximarse, aunque termine diluyéndose por el estilo hiperbólico del narrador, que insiste en definir su singularidad vital —pretendidamente escandalosa: “O simplemente porque no estás tan loco como yo”— pero cae con frecuencia en los lugares comunes de un costumbrismo sin sorpresas, que se agota rápidamente en el efectismo y la comicidad de una voz coloquial.

   ”Lo desconocido es la parte de alguna mosca”, de Federico Levín (Rosario, 1982), apuesta, desde su mismo título, a jugar con el absurdo y las sorpresas de la percepción. La juventud —como núcleo temático que está presente, en menor o mayor medida, y con distintos significados, en todas las narraciones del libro— gravita a través la óptica de alguien que tiene como proyecto escribir y reconoce su deuda con un maestro de su misma familia, el abuelo: los capítulos que traman la historia pueden leerse como los relatos que estimula su presencia rectora.

   El narrador muestra que lo familiar y cercano puede descomponerse con el poder del lenguaje, con el que se ejerce “el derecho a la perspectiva”. Arma escenas que se desentienden de los elementos considerados accesorios, o que responden a un verosímil realista: “Hay un momento en que todos mastican. Cuando se cruzan miradas, dos comensales se mastican./ Así comienza esto: dos comensales masticándose. Mi abuelo y Milagros”. Con el fraseo propio de la poesía, el narrador reflexiona sobre la problemática relación entre las palabras y las cosas, familiares como las moscas y los brazos o más inusuales como los pasillos humanos, las narinas a puntos de montar vuelo o las cartas no enviadas. Lejos de sucumbir por la ineficacia de ciertas repeticiones, la narración se vuelve una interesante indagación sobre la escritura.

   ”Fausto”, de Ignacio Molina (Bahía Blanca, 1976), narra la paternidad del protagonista, desde los días previos al nacimiento de su hijo primogénito hasta sus años iniciales. El texto está tan bien logrado que sus frases, que parecen fluir naturalmente y sin esfuerzo, logran que el lector acepte sin titubeos el recorte temporal que propone el relato y la inusitada distancia que media entre el narrador y los hechos.

   La idiosincrasia del barrio, la vida rutinaria de un empleado gris y mal pago, exudan sus atisbos horrorosos que conviven con los motivos que hacen que una vida merezca ser vivida. Presentada como “una crónica”, la historia despliega un juego permanente con imágenes visuales, a través de pantallas televisivas, vidrieras, o el asfalto mojado: una suerte de simbología de los efectos especulares involucrados en la relación padre-hijo. No sólo se utilizan las palabras con fina precisión, sino que se saben callar algunos de los hechos más gravitantes de la historia.

Final feliz

   ”El cartógrafo”, de Ricardo Romero (Paraná, 1976), cierra la serie de un modo excelente. Dialogando —sin explicitarlo— con un cuento memorable de Elvio Gandolfo, narra la relación entre un solitario controlador de torres de medición, en una “Ruta” desértica del sur del país, y el fantasma obsesionante de una mujer. Las infinitas figuras con las que se recrea el viento hacen una puesta fabulosa de la intemperie existencial de los habitantes de una pequeña comunidad. Diálogos sugerentes y creíbles, personajes tan atípicos como convincentes y sutiles referencias a obras clásicas como la Odisea, lo vuelven un relato imperdible.

   Sin miedo a mezclar lo diverso o incluso divergente, el libro hace gala a su título. La literatura resulta entonces un espacio que parece no protegerse contra visitas inesperadas, mediante el reclamo de pases especiales o la reserva del derecho de admisión.

 

Foto: Magalí Flaks

Una para el Quinteto

Posted in Prosas Profanas on 25/06/2010 by unaventanaediciones

Cinco para vencer

por Matías Raia  para  Golosina Caníbal 

La fiesta de la narrativa (Una ventana ediciones, 2010) es un intento por capturar, de algún modo, una(s) experiencia(s) artística(s). ¿Por qué experiencia(s)? Porque se trata de un libro que selecciona y re-produce textos y partituras del grupo El Quinteto de la Muerte, compuesto por Facundo Gorostiza, un músico, y Federico Levín, Ignacio Molina, Lucas “Funes” Oliveira y Ricardo Romero, cuatro narradores (ninguno de ellos inédito, todos han publicado en diversas editoriales, revistas y antologías). Este bicho de cinco patas, como se lo denomina en la contratapa del libro, ha venido desarrollando desde 2006 una serie de lecturas itinerantes en las que compartieron sus producciones ya musicales ya literarias. La fiesta de la narrativa, como decía, intenta asir esas lecturas, esas reuniones festivas: por un lado, la edición dedica un apartado (“Lo que pasó”: “Textos leídos” y “Todas las fechas”) a dar cuenta de los textos, las fechas y los lugares por los que El Quinteto de la Muerte ha transitado (así, de alguna manera, historiza las lecturas, las devuelve mínimamente a sus contextos, muestra la insistencia de estos muchachos por construir un clima de intercambio y arte); por otro lado, intercala partituras de Facundo Gorostiza, el encargado de musicalizar las lecturas del grupo, con las producciones de los narradores (en este sentido, la literatura no desplaza a la música sino que comparten espacios de escritura; sin embargo, quedan las ganas de escuchar las piezas).

Ahora bien, ¿qué resulta de La fiesta de la narrativa, este compilado de El Quinteto de la Muerte? En principio, el libro abre con un prólogo, “Lo que somos”, que nos presenta al grupo y su ciclo de lecturas con un anti-manifiesto que reivindica la amistad que los une, la constante búsqueda y la intención de hacer público sus trabajos solitarios. Después sí, entre partitura y partitura de Gorostiza, los textos de los narradores aparecen con sus propias voces, sus propios estilos y sus propias historias.
A ver, los relatos que abren y cierran La fiesta de la narrativa nos presentan dos propuestas bien diferentes. En el primero, “Valle hermoso” de Lucas “Funes” Oliveira, un narrador quejoso (en ese tono entre lo cómico y lo insoportable, encuentro el acierto de estilo de Oliveira) cuenta un viaje a Valle Hermoso ,junto a su pareja, en el que no sucede nada pero donde, lentamente, un pequeño rumor, la historia de Elsa, se vuelve una obsesión, un sucio secretito que hermana la comunidad del lugar. Así, este rumor se convierte en una excusa para la narración (y para la acción del protagonista) y Valle Hermoso comienza a cobrar un halo de misterio (la historia, la descripción y la visita al hotel Eden es el otro punto alto del relato que contribuye con este halo). El final hay que leerlo, es perturbador.
En cambio, en el relato que cierra la antología, “El cartógrafo” de Ricardo Romero, sucede algo diferente: en un clima que recuerda tanto a algunos cuentos de Ballard como a Mad Max, la Ruta (un lugar de tránsito, de abandono, de viento y polvo) es el ambiente perfecto para una historia equívoca, árida, de rutinas que engendran fantasmas. Esta vez, el estilo de Romero, desde su parquedad, su ambigüedad y sus imágenes distópicas, se juega en la descripción de una itinerario vital, el del narrador, que cambia a partir de un murmullo femenino que cree escuchar en un viaje en moto por la Ruta, yendo de torre en torre para la medición. El hallazgo de ese lugar, la Ruta, y un personaje como Rómulo se presentan como dos elementos que hacen que leer este cuento valga la pena.
In medias res, los otros textos, “Lo desconocido es la parte de alguna mosca” de Federico Levín y “Fausto” de Ignacio Molina, resultan adecuados, bien escritos y también encuentran su propia originalidad.  Por ejemplo, el conjunto de textos cortos (pero vinculados entre sí) de Levín tiene un tono de prosa poética muy logrado (sobre todo, “Brazos” y “Zapatoshoe”) y construyen una mirada que desarma unidades (partes del cuerpo, movimientos u objetos son enfocados con obsesión y cobran un brillo distinto). Levín escribe estos microrrelatos desde el extrañamiento, aquella perspectiva que clamaba Shklovski, que hace que la vida cotidiana cobre nuevos sentidos, nuevos significados. Respecto de “Fausto” de Ignacio Molina, se trata de una crónica sobre la experiencia de ser padre, la novedad que encarna tener un hijo y cómo continúa la vida cotidiana (hay algunos episodios como el de Fausto encerrado en el baño, que demuestran una capacidad de Molina de hacer interesante lo mínimo).
En fin, La fiesta de la narrativa de El Quinteto de la Muerte nos abre la puerta a esta comunidad y su ciclo de lecturas regalándonos una muestra de las experiencias (y también la búsqueda y los límites) de cuatro narradores y un músico (y dándonos ganas de explorar con mayor profundidad las obras que están empezando a desarrollar). Respecto de los narradores, desde el relato largo hasta la crónica, ciertas obsesiones por volver extraña la vida cotidiana o por contar desde un estilo propio y sin pretensiones unen esta orgía artística en la que lo heterogéneo construye lo común y en el que lo uno se vuelve múltiple.

El Quinteto televisado

Posted in Prosas Profanas on 23/06/2010 by unaventanaediciones

Para los que no los conocen, para los que sí, para los que no fueron a la presentación, para todos ellos y muchos otros, esta semana los pueden ver en Canal (a)!

El programa Blogósfera, que conduce Marina Mariasch les dedica todo un capítulo (de media hora) a El Quinteto de la Muerte!!!!!! y está filmada parte de la presentación!!!

Aquí va la presentación que figura en http://blogosferatv.blogspot.com

Capítulo 7: El Quinteto de la Muerte Son la fiesta de la narrativa. una banda de delincuentes tiene un blog donde anuncian sus lecturas y siempre prometen sorpresas. Sus integrantes, Molina, el galán melancólico, Levin el joven intrépido, Romero, tiene un as bajo la manga, Gorostiza, musicaliza el caos, Funes, el gran agitador cultural. Ellos son El Quinteto de la Muerte, un mito urbano que se sostiene en la red. Estreno Miércoles 23 de junio 21:00 hs.

Repeticiones: Miércoles 23 – 0:00 – 5:00 – 11:00 – 16:00 – 21:00

Viérnes25 – 2:30 – 7:30 – 13:30 – 18:30 – 23:30

Domingo 27- 23:30

Los 5

Posted in Prosas Profanas on 09/06/2010 by unaventanaediciones

Las fotos de la presentación fueron sacadas por Victoria Pradelli y Celeste Plaza 

Fotos de la presentación de La Fiesta de la narrativa

Posted in Prosas Profanas on 08/06/2010 by unaventanaediciones

Marta tocando

Lucas y Ricardo

Fede

Nacho y  …

Muchas gracias a todos los que vinieron! Fue una verdadera Fiesta.